A través del proyecto SAbERES, impulsado por diversas organizaciones y acompañado técnicamente por IICA, familias apicultoras están implementando medidas de Adaptación basada en Ecosistemas (AbE) para fortalecer la resiliencia de sus sistemas productivos. En Calakmul, Campeche, la apicultura es una actividad productiva muy importante. Además de permitirle a las familias campesinas obtener ingresos por la venta de la miel, contribuye significativamente a la conservación de la selva y toda la biodiversidad que alberga. Asimismo, las abejas polinizan cultivos, plantas y árboles. Sin embargo, la variabilidad climática, la degradación y deforestación de la selva, junto con la pérdida de biodiversidad han mermado significativamente la producción de miel.

Algunos productores han optado por abandonar la apicultura porque ya no les es redituable, porque perdieron sus colmenas en la sequía y porque el precio de la miel se ha desplomado. Otros, en cambio, han empezado a modificar sus prácticas productivas: comenzaron a reforestar, a suministrar agua a las colmenas, a renovar sus abejas reinas y a colocarles sombras para que se fatiguen menos y produzcan más. Se están adaptando a las nuevas condiciones ambientales y fortaleciendo la resiliencia climática de sus sistemas productivos.

Entre la exuberante selva de Calakmul, llena de vida, de canto de aves, de insectos y otros mamíferos que hacen crujir las hierbas, se empieza a escuchar el zumbido de las abejas.

Unos 50 metros antes de llegar al apiario, don Antonio y su hijo, Leonardo, comienzan a colocarse su equipo de protección. Se sujetan muy bien el velo y atizan el ahumador. Aunque llevan muchos años dedicándose a cuidar a las abejas y saben cómo manejarlas para que no los piquen, prefieren ponerse guantes, porque la temperatura está muy alta y eso las pone más bravas.

Don Antonio Camal, acaba de cumplir 70 años, se inició en la apicultura cuando tenía 16, al poco tiempo de llegar a Calakmul junto con sus padres. Su familia fue una de las fundadoras del Ejido 20 de Noviembre, en el municipio de Calakmul.

A inicios de la década de los 70, sus padres migraron de Calkiní, al norte de Campeche, hacia la región de Calakmul. Cuando llegaron no había casas ni caminos, todo era monte exuberante, “solo en el centro de Xpujil había un pequeño campamento de trabajadores chicleros”, recuerda Antonio.

Fueron un grupo de 60 personas procedentes de Calkiní los que llegaron a poblar lo que hoy es el ejido. Empezaron a desmontar para sembrar maíz. Los padres de don Antonio se trasladaron primero sin sus hijos, estuvieron trabajando la tierra por tres años para tener asegurado el maíz y el sustento, luego trajeron con ellos a don Antonio y sus hermanos.

Rápidamente las familias empezaron a hacer sus parcelas a construir sus casas con madera y palma de guano. Algunos empezaron a trabajar en el chicle y otros en la apicultura. Antonio aprendió a trabajar las abejas muy rápido. “Empecé a trabajar de ayudante y veía como otros vecinos manejaban las abejas. Le pedí a un señor con el que trabajaba que en vez de pagarme me diera unas cinco colmenas. Con eso empecé, pero como no sabía mucho se me fueron las colmenas”.

Al año siguiente, ya más experimentado, adquirió otras cinco colmenas y esta vez pudo empezar a crecer su apiario. A la siguiente temporada ya había duplicado sus colmenas y con la venta de la miel que cosechó obtuvo un buen ingreso que lo motivó a seguir trabajando en la apicultura.

En la región de la selva de Calakmul la apicultura es una actividad productiva de enorme importancia tanto en lo económico como en el aspecto ambiental. Las colmenas generan múltiples servicios ambientales que benefician a todos.

Las abejas ayudan mucho a que se polinicen diversos cultivos y plantas de la región., como el limón, la naranja, la calabaza y vegetación silvestre. Además, como mucha gente tiene sus apiarios en la entrada del monte, cuidan que no se tale la selva. Los apicultores y las comunidades dan mantenimiento a la selva, hacen aclareos y brechas cortafuegos. Cuando se registra un incendio la gente se organiza y corre a contenerlo.

Don Antonio Camal y doña Adolfina Canché, pareja de apicultores del Ejido 20 de Noviembre, en Calakmul, Campeche.

Condiciones climáticas extremas y transformación de la apicultura

Aunque la selva de Calakmul es un macizo forestal exuberante, lleno de fauna y una gran diversidad de especies de árboles y plantas, es una región con poca disponibilidad de agua superficial. Muchas de las comunidades no tienen servicio de agua potable, se abastecen de la perforación de pozos, del servicio de pipas y del agua que pueden captar en temporada de lluvias.

Las temporadas de sequía son cada vez más agudas y prolongadas; han provocado la muerte masiva de animales por sed y una mayor incidencia de incendios. Condiciones climáticas extremas ya han afectado considerablemente a las familias de apicultores, muchos han perdido sus colmenas, han pasado años sin poder cosechar ni una gota de miel. Estas condiciones ambientales exigen adaptar los sistemas productivos para hacerlos más resilientes.

Don Antonio recuerda que hace treinta años, una persona podía vivir muy dignamente con unas 20 colmenas. Con lo que cosechaba le daba para satisfacer todas sus necesidades. “Le alcanzaba a uno para comer bien, para comprarse algo y para mandar a los hijos a la escuela”.

Detalla que en aquellos años llegaban al ejido los acopiadores de miel con pipas que se iban llenas y escurriendo la miel por el camino. Pero con el variabilidad climática, el incremento de la temperatura y las sequías más intensas la productividad se ha reducido considerablemente.

En la región de Calakmul los apicultores solían iniciar la cosecha de miel a principios de febrero, pero ahora, “ya estamos en mayo y apenas estamos cosechando lo poco que se dio”, lamenta don Antonio.

Cada vez es más impredecible la lluvia. “Hemos tenido años muy secos en los que muchos de los apicultores perdieron una gran parte de sus colmenas, porque si no hay agua y no hay floración, las abejas se van o mueren; y los apicultores se quedan sin cosecha y sin ingresos,” explica Leonardo Camal, apicultor e hijo de don Antonio. 

Este año hubo lluvias en enero y febrero, que son muy buenas para el monte, para los animales y para los cultivos, pero no muy buenas para la apicultura. Porque la lluvia en temporada de cosecha afecta la calidad de la miel. Una miel húmeda no se paga al mismo precio y se fermenta, se echa a perder. Leonardo también recuerda que hace unos 20 años, “yo sacaba de nueve colmenas un tambo de miel cada 10 días. Cosechaba unas tres o cuatro veces por temporada. Había mucha miel, ahora ya no, ahora hay que trabajarle más duro a ver si sale algo”. Señala que hoy en día un apicultor requiere de unas 30 colmenas para poder sacar un tambo, es decir ha caído casi en dos terceras partes la producción.

Revisión de las colmenas en el apiario.

Construir resiliencia para seguir produciendo

Ahora con este nuevo escenario de variabilidad climática, de sequías más prolongadas y lluvias atípicas, los apicultores como don Antonio y su familia comenzaron a suministrarle agua a las abejas. Aunque es pesado, transportan garrafones desde sus hogares hasta los apiarios. “Es un trabajo duro de acarrear el agua hasta el apiario, pero sabemos que también se benefician los demás animales, que también están sedientos y llegan a los apiarios a buscar el agua. Tenemos que ayudarles también,” comparte Leonardo.

Además de suministrar agua a sus colmenas, los apicultores del Ejido 20 de Noviembre y de otras comunidades de Calakmul que forman parte del Proyecto SAbERES ya están implementando una serie de medidas de Adaptación basadas en Ecosistemas que les permiten mejorar la productividad de sus colmenas y hacer sus sistemas productivos más resilientes a las condiciones climáticas extremas.

Junto con los técnicos acompañantes de SAbERES, los apicultores identifican cuáles son sus necesidades para seguir produciendo en este nuevo escenario de variabilidad climática y definen qué medidas son las más adecuadas.

En el municipio de Calakmul, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) es la organización integrante de SAbERES responsable del acompañamiento técnico de las familias apicultoras. Con base en investigación y trabajo en campo las y los acompañantes técnicos definen con los productores cuáles son las medidas de adaptación prioritarias, de esta forma, en el Ejido 20 de Noviembre, don Antonio, su hijo Leonardo y otras familias de apicultores han establecido que contar con captadores de agua en los apiarios es una medida fundamental para suministrar agua a las colmenas y a la fauna en temporada de sequía.

Esta medida permite que las abejas no tengan que recorrer enormes distancias en busca del líquido y puedan ser más productivas. Además, permite que los apicultores no tengan que acarrear los garrafones dos o tres veces por semana desde sus hogares hasta los apiarios, que quedan hasta a una distancia de entre 3 y 20 kilómetros.

Leonardo Camal a la entrada de su apiario en el Ejido 20 de Noviembre.

Otra medida de adaptación que están implementando es la reforestación con plantas y árboles melíferos, resistentes a la sequía y que dan floración prácticamente todo el año. “Si les suministramos agua y flores para que pecoreen cerca del apiario las colmenas concentran más su energía en producir miel. Se desgastan menos y pueden defenderse de plagas como las hormigas”, resalta Leonardo Camal.

El Ejido 20 de Noviembre cuenta con una superficie de 36 mil hectáreas, de las cuales 30 mil corresponden a áreas selváticas. Gran parte de la superficie forestal se encuentra en un esquema de conservación en donde la apicultura contribuye significativamente al cuidado y mantenimiento de la selva y la biodiversidad.

La asamblea decidió que muchas áreas que se destinaban a la producción agrícola se convirtieran nuevamente a monte. Tenemos ya muchas áreas que hace años eran parcelas ahora ya están recuperadas, con árboles de más de 20 metros. Don Antonio comenta que “la gente se dio cuenta que estas no son tierras muy buenas para la siembra y que es mejor que se recupere el monte y dedicarse a la apicultura”.

María Eugenia Rodríguez, coordinadora de acompañamiento técnico de IICA y del SAbERES en la región de Calakmul, señala que otras de las medidas de Adaptación basada en Ecosistemas que están implementando los apicultores es el mejoramiento del manejo de sus apiarios con criterios orgánicos. No se suministra ningún tipo de químico y se procura no lastimar a las abejas en ninguna etapa del proceso productivo.

Subraya que las familias de apicultores son muy receptivas y participativas en el proceso de adaptación a las condiciones climáticas extremas de sus sistemas productivos. Saben que son su fuente de ingresos y quieren seguir produciendo. Sin embargo, no todos los productores tienen los recursos para implementar las medidas AbE que quisieran, porque, aunque se busca que sean las medidas de menor costo y mayor efectividad, algunas implican inversiones, como los sistemas de captación de agua en los apiarios, la adquisición de sombras y de plantas para las reforestaciones.

Plantea que se deben buscar esquemas de financiamiento para que los pequeños productores puedan adaptar sus sistemas productivos.

Pileta para abastecer de agua a las colmenas a la entrada del apiario.

Otra medida AbE en la que están trabajando los apicultores junto con el proyecto SAbERES es el mejoramiento de abejas reinas, porque cuando las reinas van envejeciendo se vuelven menos productivas y esto se ve reflejado en una menor producción de miel.

La organización Productores Orgánicos de Calakmul (POC), que agremia a todos los apicultores de Calakmul que participan en el proyecto SAbERES, impulsa un proceso de mejoramiento de abejas reinas en la región. Porfirio Uribe, director de POC, plantea que “buscamos una variedad de abeja adaptada a las condiciones climáticas de Calakmul y cuando la tengamos, tendremos centros de reproducción de reinas que distribuiremos entre los socios. Esto va a mejorar la productividad de las colmenas y traerá beneficios para nuestros apicultores”.

Porfirio detalla que “actualmente muchos apicultores tienen que comprar abejas reinas en otros lados, como Mérida, Veracruz o Puebla y tienen que trasladarlas hasta Campeche, a un clima y ecosistema total ente diferente”. Esto no les resulta y se les mueren o no se adaptan.

Para el director de POC, una de las claves para adaptar la apicultora en Calakmul a las condiciones de diversidad climática es transitar hacia un modelo de “apicultura regenerativa”, en la que no se vea a las colmenas solo con ojos de obtener dinero. Si no que se les de un manejo lo menos invasivo posible, que priorice la restauración y conservación de la selva, que avance en el mejoramiento genético de las abejas; y que el desarrollo de mercados reconozca el verdadero valor ambiental de la apicultura y el arduo trabajo de las familias apicultoras.

Porfirio Uribe resalta que los apicultores “son los más interesados en seguir produciendo y en conservar el monte y todos los animales, pero no pueden hacerlo solos”.

Además del acompañamiento técnico, que es fundamental para incorporar nuevas técnicas y tecnologías a la producción, añade, “se requieren, políticas, apoyos y mecanismos de financiamiento para implementar las medidas de adaptación y hacer que nuestra apicultura vuelva a ser una opción de vida rentable y atractiva para los jóvenes; para que quieran quedarse en su territorio y no migrar a buscarse la vida por obligación”.

Fotografías de Miguel Guillermo Amador para Proyecto SAbERES.