Las salvaguardas ambientales y sociales promueven el involucramiento activo de las comunidades en el proyecto SAbERES.
Históricamente, las salvaguardas ambientales y sociales (SAS) han sido solo vistas como mecanismos para evitar impactos al ambiente y a las personas; sin embargo, en años recientes, desde la Organización de las Naciones Unidas, se ha enfatizado la necesidad de crear espacios para que las comunidades afectadas por un proyecto participen activamente en el diseño y ejecución de este (Perera 2021). Para ello, es crucial comprender las perspectivas de las comunidades locales y grupos vulnerables sobre cualquier el proyecto o iniciativa de desarrollo que se quiera poner en práctica en sus territorios. Esta información debe ser tomada en consideración por los diseñadores y operadores del proyecto para diseñar estrategias efectivas de participación social.
Comúnmente, desde múltiples organismos públicos, privados y sociales —cuya labor ha sido valiosa y fundamental en zonas con alto grado de exclusión social— se promueven intervenciones de desarrollo descontextualizadas de las realidades locales. Desde el escritorio, se definen los problemas ambientales y sociales que enfrentan las comunidades, y se proponen medidas para solucionarlos. En consecuencia, es frecuente ver que conformen grupos sociales de oposición, por lo que tales iniciativas terminan por fracasar o no cumplir las metas que se habían trazado inicialmente.
Por tal motivo, es necesario repensar la forma en que se diseñan y ejecutan los planes y programas que buscan mejorar las condiciones de vida de las comunidades. Se requiere promover enfoques de intervención, en los cuales las personas sean concebidas como agentes con la capacidad de pensar y actuar, y no únicamente como pacientes con necesidades que requieren atención especial (Sen, 2000). En proyectos como SAbERES, que buscan detonar procesos locales para que los pequeños productores agropecuarios logren adaptarse al cambio climático, es fundamental comprender y tomar en cuenta sus conocimientos, saberes y experiencias. Si bien, esta medida no es una SAS en estricto sentido, llevarla a cabo sí contribuye a diseñar medidas de intervención que sean socialmente justas y relevantes, y ecológicamente adecuadas. En ese sentido, se vuelve más probable que contar con mayores niveles de apropiación participación social en la etapa operativa de un proyecto.
En el proyecto SAbERES, las SAS son acciones concretas llevadas a cabo para mitigar los riesgos potenciales de las actividades del proyecto y asegurar el involucramiento activo de las pequeñas y pequeños productores agropecuarios. Dichas acciones son definidas a partir de la identificación y evaluación de riesgos específicos en los territorios donde opera el proyecto. Asimismo, se ha establecido un esquema de monitoreo y reporte de las SAS, para verificar el correcto desempeño de las medidas de mitigación.
Cabe señalar que, en SAbERES, las SAS no sólo mitigan las externalidades negativas. Es decir, no sólo se promueve, por ejemplo, la no discriminación de mujeres y grupos vulnerables en el sector rural, si no que, a partir de comprender los contextos específicos en que viven estos grupos poblacionales, se diseñan estrategias que verdaderamente garanticen su verdadera participación. Por lo cual, en SAbERES, las SAS sobre todo son una oportunidad para ejecutar procesos sociales y productivos con enfoque de género, juventudes y otros grupos vulnerables. Esta forma de operar el proyecto asegura que las personas, que sistemáticamente son excluidas, sean ahora incorporadas en distintos espacios de participación. De forma permanente, las voces y opiniones de las y los pequeños productores son escuchadas a manera de retroalimentación para generar procesos socioculturalmente pertinentes y oportunos.
Referencias
Perera, J. (2021). Beyond ‘do-no-harm’: development, social safeguards policies, and human rights. Sri Lanka Journal of Social Sciences, 44(1).
Sen, A. (2000). Development as freedom. Development in Practice-Oxford-, 10(2), 258.